ERASE UNA VEZ, EN COLOMBIA

Érase una vez, en Colombia, un grupo de insurgentes que se escondía en los sitios más inhóspitos y alejados del país. Según informaciones obtenidas mediante agentes infiltrados, disponían de la más alta tecnología. En una ocasión les fue decomisado un saco de uranio 235, el cual estaban a punto de enriquecer para fabricar una bomba atómica en medio de la selva. Afortunadamente, y gracias a una sofisticada operación encubierta, este les fue arrebatado a tiempo.

Además, se ha descubierto que disfrutan de un lujo exagerado, a pesar de vivir en lo más profundo de la selva amazónica, donde pocas veces pueden salir. Se ha llegado a la conclusión de que uno de sus jefes tenía un computador que ni siquiera la NASA posee, según se puede inferir de lo ocurrido en el año 2008. Un día de ese mismo año, una columna de dicho grupo insurgente fue localizada, y sobre ella cayeron, durante mucho tiempo, las bombas más potentes que se tenían disponibles en ese momento —a excepción de las nucleares—, dejando completamente destruido el campamento y matando a casi todos los integrantes de esa columna, incluido el jefe, quien era también uno de los principales líderes del grupo rebelde. Ese comandante fue exhibido como un trofeo de guerra ante todo el mundo.

Entre las historias que se le atribuyen, se dice que tenía un Rólex que fue subastado y que podría haber costado unos 15 000 dólares, así como un computador de valor incalculable, pues este sobrevivió intacto al bombardeo. El computador ha sido estudiado por diferentes organismos policiales y de inteligencia de talla mundial, como la Interpol, que han avalado que esto es verdad: es así de fino

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